
Tratamientos Corporales
La radiofrecuencia corporal trata la flacidez: piel que ha perdido firmeza en abdomen, brazos, muslos o glúteos tras un embarazo, una pérdida de peso o simplemente con los años. En Forever Young se hace con equipo Phoenix, en sesiones de 45 minutos por zona, 75 €. Av. da Concordia 32, A Coruña.
La piel no se estiró. Perdió el retroceso.
Flacidez es una palabra que se usa para tres cosas distintas, y confundirlas es la razón por la que tanta gente se decepciona con los tratamientos.
La piel tiene dos materiales estructurales en la dermis: colágeno, que da resistencia, y elastina, que da capacidad de volver a su sitio después de deformarse. Cuando el cuerpo gana volumen —un embarazo, unos kilos—, la piel se estira. Cuando lo pierde, tiene que recogerse. Ese recogimiento depende de la elastina, y la elastina se fabrica sobre todo en la juventud: a partir de cierta edad casi no se repone.
De ahí salen las tres situaciones:
Piel con tono disminuido. Sigue habiendo estructura, pero está laxa. Se nota al pellizcar: la piel tarda en volver. Es el caso en el que la radiofrecuencia tiene sentido y da resultado visible.
Piel con daño estructural. El estiramiento fue tan intenso o tan prolongado que las fibras de elastina se rompieron. Aquí la radiofrecuencia mejora la calidad del tejido —textura, grosor, aspecto— pero no devuelve la capacidad de recogerse. Hay mejora, no corrección.
Piel sobrante. Después de una pérdida de peso muy grande, o de varios embarazos, sobra tejido: hay más piel que cuerpo debajo. Eso no lo resuelve ninguna aparatología, y quien diga lo contrario está vendiendo lo que no puede dar. La solución es quirúrgica, y decírtelo aquí te ahorra el dinero y el tiempo de descubrirlo en la sesión ocho.
Por qué el cuerpo no es una cara grande. La piel del abdomen es más gruesa que la del rostro, tiene debajo una capa de grasa subcutánea mucho mayor y la superficie a tratar es varias veces más extensa. Eso cambia todo lo práctico: hace falta más energía para llegar a la profundidad útil, más tiempo sobre cada palmo de piel, cabezales mayores y una sesión entera por cada zona, mientras que en el rostro una sola sesión cubre toda la cara. Una sesión facial de radiofrecuencia y una corporal se parecen en la tecnología y en poco más.
Y hay una diferencia que casi nadie menciona: en el cuerpo, la gravedad juega en contra todos los días. El resultado se sostiene peor y necesita mantenimiento más constante que en el rostro.
Explicado a fondo en la página facial.
La corriente de radiofrecuencia encuentra la resistencia natural del tejido y genera calor en profundidad; cuando la dermis sostiene una temperatura suficiente, las fibras de colágeno existentes se contraen y se activa la producción de colágeno nuevo durante las semanas siguientes.
Ese mecanismo es el mismo en cara y en cuerpo, y está explicado con detalle —temperaturas, tiempos, por qué el calor tiene que ser sostenido y no puntual— en nuestra página de radiofrecuencia facial. Si quieres entender la física, ese es el sitio. Aquí seguimos con lo que cambia cuando el mismo principio se aplica a un abdomen.
No todas responden igual. Conviene saberlo antes.
Abdomen. La zona más solicitada y la que mejor documentada está. Es también donde más influye el punto de partida: un abdomen con tono disminuido tras un embarazo responde bien; un abdomen con diástasis de los rectos —la separación de los músculos que a veces queda después del parto— tiene un componente muscular que la radiofrecuencia no toca y que hay que valorar aparte, normalmente con fisioterapia de suelo pélvico.
Flancos. Responden de forma parecida al abdomen y suelen tratarse en la misma sesión, porque el tejido es continuo y aislarlos no tiene sentido técnico.
Cara interna de los brazos. La zona donde la mejora se aprecia antes en el espejo, porque el punto de partida suele ser peor. También donde más se nota el límite de la técnica: si hay piel sobrante colgando, se mejora la textura y la firmeza superficial, no la caída.
Cara interna de los muslos. Piel fina, sensible y con poca grasa debajo. Requiere bajar la intensidad y compensar con más tiempo. Es la zona donde una aplicación agresiva da problemas antes.
Glúteos y cara posterior del muslo. Buena respuesta en firmeza y calidad de piel. Suele trabajarse como continuidad del muslo.
Sobre el escote y el cuello: son zona límite entre esta página y la facial. Se tratan, pero el criterio y la pauta los marca el protocolo facial, no el corporal.
Y una advertencia sobre el «antes y después». Las fotografías de esta técnica engañan con una facilidad extraordinaria: un cambio de luz, de postura o de hora del día produce diferencias mayores que ocho sesiones de tratamiento. En Forever Young las mediciones se hacen con cinta métrica en puntos marcados, a la misma hora y en la misma postura. No es un detalle de rigor: es la única forma de que sepas si estás pagando por un resultado o por una fotografía favorable.
Números reales. También los incómodos.
Aquí van los datos, con la fuente enlazada y con sus limitaciones dichas en voz alta, porque un número sin su margen de error no es información: es publicidad.
El trabajo de referencia más reciente que hemos podido verificar es el de Santos y colaboradores, publicado en Lasers in Surgery and Medicine en 2025. Aplicó ocho sesiones de radiofrecuencia monopolar en abdomen y flancos, una cada 72-96 horas, manteniendo 41 °C de temperatura superficial durante diez minutos por zona. Resultados medidos: reducción de perímetro de 1,75 cm en abdomen superior, 3 cm en abdomen medio y 1,5 cm en abdomen inferior —entre el 1 % y el 3 %—; espesor de la capa grasa, reducción del 9 %; ecogenicidad dérmica, indicador indirecto de contenido de colágeno, aumento del 12 %; satisfacción, el 86,67 % de los participantes puntuó su conformidad entre 7 y 10 y el 100 % recomendaría el tratamiento; efectos adversos, eritema leve en el 13,3 %, resuelto en 24 horas, ninguno grave.
Y ahora los límites, que son tan importantes como los resultados:
La muestra es de 15 personas. Es un estudio pequeño. Sirve para orientar, no para garantizar.
Las desviaciones son enormes. El 9 % de reducción de grasa venía con una desviación de ±11 %, y el 12 % de ecogenicidad con una de ±25 %. En cristiano: hubo participantes en los que el efecto fue prácticamente nulo. La respuesta individual varía muchísimo.
El seguimiento fue de una semana. No dice nada sobre cuánto dura.
El equipo del estudio no es el nuestro. Los parámetros y la tecnología no son idénticos, así que los números orientan sobre la categoría, no sobre este equipo en concreto.
Qué conclusión honesta se saca de todo esto. Que la radiofrecuencia corporal produce un cambio real, medible y modesto: centímetros, no tallas. Mejora de firmeza y de calidad de piel, no una transformación. Y que ocho sesiones es el orden de magnitud del que hablan los datos, no cuatro.
Si alguien te ofrece esta técnica prometiéndote una talla menos, no está describiendo la radiofrecuencia.
Fuente: Santos AF et al., Lasers in Surgery and Medicine, 2025;57(9):708-715.
Ocho, no cuatro. Y en un orden concreto.
La pauta. Ocho sesiones, una por semana. Ese es el ritmo con el que se trabaja aquí, y el que hace que una serie de cuatro se consuma en un mes. El estudio de referencia fue algo más apretado —una sesión cada tres o cuatro días—, y conviene decirlo, porque es el ritmo con el que se midieron aquellos resultados. Lo que no funciona en ningún caso es espaciarlas más: el colágeno nuevo tarda semanas en organizarse y cada sesión tiene que llegar antes de que se apague el estímulo de la anterior. Después de la serie, mantenimiento mensual, porque en el cuerpo la gravedad no descansa.
Cómo se compra eso aquí: en dos series de cuatro. No hay un bono de ocho, y no lo hay a propósito. Una serie corta se hace en su ritmo; un bono largo se estira, y una radiofrecuencia estirada deja de ser una radiofrecuencia — el estímulo se apaga entre sesión y sesión y cada una empieza de cero. Cuatro sesiones seguidas, valoración, y la segunda serie si procede. Al terminar la primera ya sabes cómo responde tu tejido, que es lo único que nadie puede decirte de antemano.
El resultado no llega cuando termina la sesión. La contracción inmediata del colágeno existente da una mejora que se ve el mismo día y se va en horas. Lo que se queda es el colágeno nuevo, y ese tarda entre cuatro y ocho semanas en notarse. La foto que importa es la del segundo mes, no la del primer día.
El orden cuando se combina con presoterapia. Primero la radiofrecuencia, después la presoterapia. Nunca al revés. El motivo es mecánico: el calor profundo moviliza fluido hacia el intersticio, y la compresión secuencial posterior lo transporta y lo elimina. Si se hace en el orden inverso, se drena primero y después se vuelve a movilizar líquido que ya no se transporta. Es la misma sesión, el mismo tiempo y el mismo precio: solo cambia el orden, y el orden cambia el resultado.
Lo que hay que poner de tu parte. Beber agua el día de la sesión y el siguiente, porque lo movilizado se elimina por vía renal. Mantener el peso estable durante la serie: si sigues perdiendo volumen, la piel tiene que recogerse sobre un objetivo que se mueve. Y actividad física si es posible, porque el tono muscular de debajo sostiene lo que la piel de encima intenta recuperar.
Y una que casi nadie pregunta.
Marcapasos, desfibrilador implantado o cualquier dispositivo electrónico implantado. Contraindicación absoluta. La radiofrecuencia es corriente eléctrica atravesando tejido; no se aplica sobre nadie que lleve un dispositivo de este tipo, esté donde esté.
Alteración de la sensibilidad térmica en la zona. Esta es la que casi nadie pregunta y la que más quemaduras causa. La seguridad de la radiofrecuencia depende de que tú notes el calor y avises cuando pasa de agradable a molesto: ese aviso es el termostato del tratamiento. Si en esa zona tienes la sensibilidad alterada —neuropatía diabética, secuelas de cirugía, cicatriz extensa, alteración neurológica— el sistema de seguridad no está. Hay que decirlo antes.
Embarazo. No se trata abdomen ni zona lumbar. En otras zonas, se pospone igualmente.
Cáncer activo o en tratamiento. No se trata sin autorización expresa del oncólogo.
Trombosis venosa, tromboflebitis o antecedente reciente. No se aplica calor profundo sobre un territorio con riesgo trombótico.
Material metálico o prótesis en la zona a tratar. Placas, tornillos, mallas quirúrgicas o un DIU si se va a tratar el abdomen bajo. No siempre impide el tratamiento, pero obliga a replantear la zona y los parámetros. Hay que declararlo siempre.
Infección, herida abierta, dermatitis activa o quemadura solar reciente en la zona. Se pospone hasta que la piel esté íntegra.
Epilepsia y alteraciones hepáticas o renales graves. Requieren valoración previa y, en general, no se tratan en cabina.
Tatuajes y micropigmentación recientes en la zona. Se esperan las semanas de cicatrización completa.
Y una limitación que no es médica sino de expectativa: si tu objetivo principal es reducir volumen de grasa, este no es el tratamiento indicado y no te lo vamos a colocar como si lo fuera. Esa conversación pertenece a otra página de esta web, y en algunos casos al área médica.
Equipo Phoenix, medición con cinta, una zona por sesión.
El equipo. Radiofrecuencia Phoenix, el mismo equipo con el que se trabaja el rostro, con cabezal y parámetros corporales.
La sesión es de 45 minutos y trata una zona, no el cuerpo entero. Esto es lo que más se malinterpreta al comparar precios, así que conviene decirlo con todas las letras: abdomen es una zona, la cara interna de los brazos es otra, los muslos otra. Cuarenta y cinco minutos sobre un abdomen son cuarenta y cinco minutos de trabajo sobre ese abdomen. Los mismos cuarenta y cinco minutos repartidos entre abdomen, brazos y muslos no son un tratamiento de tres zonas: son tres zonas mal tratadas.
Por qué el tiempo por zona no se puede recortar. El parámetro que decide el resultado no es la potencia del equipo, es cuántos minutos el tejido se mantiene dentro del rango útil de temperatura. El estudio de referencia sostuvo 41 °C durante diez minutos por área tratada. Calentar es rápido; sostener es lo que cuesta tiempo, y es lo único que produce estímulo sobre el colágeno. Una sesión que abarca más superficie de la que cabe en su tiempo no está tratando más: está repartiendo el mismo calor en dosis que no llegan al umbral.
Por eso el bono distingue una zona de dos, y por eso dos zonas no cuestan lo mismo que una. No es un recargo comercial: es que son dos sesiones de trabajo dentro de una misma cita.
«Lo primero que hago es pellizcar. Si la piel vuelve sola, esto va a funcionar. Si sobra piel, se lo digo el primer día, no en la sesión ocho.» — Luciana Da Silva
La técnica. Se trabaja por zonas delimitadas, con movimiento continuo y control de temperatura durante toda la aplicación.
La medición. Perímetros con cinta métrica en puntos marcados, a la misma hora del día y en la misma postura, al inicio, a mitad de serie y al final. Es lo que convierte «te veo mejor» en un dato.
La valoración previa. Antes de la primera sesión se determina de qué tipo es tu flacidez —tono disminuido, daño estructural o piel sobrante—, porque de ahí sale lo que se puede esperar. Es una conversación de cinco minutos que evita meses de expectativa equivocada.
Y las dos vías bajo el mismo techo. Forever Young es un centro sanitario autorizado, con registro C-15-005111 y con área médica propia. Cuando lo que hay delante excede lo que la aparatología puede hacer, aquí eso no se disimula con más sesiones: se dice, y si procede se valora en la consulta médica. Que existan las dos vías es lo que permite que la estética no tenga que estirarse para cubrir lo que no le toca.
El protocolo completo con el que se han medido resultados en abdomen es de ocho sesiones, y se compra como dos series de cuatro. Se vende así a propósito, y por dos motivos. El primero es tuyo: al terminar la primera serie ya sabes cómo responde tu tejido —que es información que nadie puede darte antes, porque la respuesta individual varía mucho— y decides con datos si sigues. El segundo es del tratamiento: una serie corta se hace en su ritmo, y el ritmo es la mitad del resultado. Un bono largo se estira, y una radiofrecuencia estirada deja de estimular. Lo que no vas a oír aquí es que con cuatro sesiones está resuelto. Con cuatro sesiones se empieza.
Tiempo 45 min
Tiempo 4 x 45 min
Tiempo 4 x 45 min por zona
Incluida antes de la primera sesión
El protocolo completo son 8 sesiones y se compra como dos series de cuatro, con medición entre medias. Resultado individual variable.
Lo que más se pregunta antes de empezar.
¿Cuántos centímetros voy a perder?
Los datos publicados en abdomen hablan de entre 1,5 y 3 cm tras ocho sesiones, con una variabilidad individual muy alta. Es un cambio real y modesto: centímetros, no tallas. Si alguien te promete una talla menos con radiofrecuencia, no está describiendo esta técnica.
¿Duele?
No. Se siente calor creciente y agradable, y ese calor es precisamente el tratamiento. Tú avisas cuando pasa de agradable a molesto, y ese aviso regula la intensidad. Por eso es imprescindible que tengas la sensibilidad conservada en la zona.
¿Cuándo se notan los resultados?
La mejora inmediata que se ve el mismo día se debe a la contracción del colágeno que ya tenías, y se va en horas. Lo que se queda es el colágeno nuevo, y tarda entre cuatro y ocho semanas en apreciarse. La comparación que vale es la del segundo mes.
¿Sirve para la piel que me ha quedado tras perder mucho peso?
Depende de cuánta. Si la piel tiene tono disminuido pero sigue ajustada al cuerpo, sí. Si sobra tejido y cuelga, ninguna aparatología lo resuelve: eso es cirugía. Se te dice en la valoración previa, antes de comprar nada.
¿Es lo mismo que la radiofrecuencia facial?
La tecnología y el principio físico son los mismos. Lo que cambia es todo lo demás: la piel del cuerpo es más gruesa, la superficie mucho mayor y hace falta más energía y más tiempo sobre cada palmo de piel. La diferencia práctica está en el alcance: una sesión facial cubre toda la cara, mientras que en el cuerpo cada sesión se dedica a una zona —abdomen, brazos o muslos—, y por eso el bono distingue una zona de dos. Si te interesa el rostro, tenemos una página específica.
¿Puedo hacérmela si llevo un DIU o una prótesis?
Hay que decirlo antes. Un dispositivo electrónico implantado, como un marcapasos, es contraindicación absoluta. Un DIU o material metálico en la zona no siempre lo impide, pero obliga a replantear qué zona se trata y con qué parámetros.

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